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PIRINEOS: ¿CORDILLERA, CIUDAD O PRINCESA?

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LA CORDILLERA



" Los Pirineos se extienden desde Nuestro Mar hasta el Mar exterior" (Polibio, 3, 35,7)

Las fuentes que hacen referencia a la cordillera Pirenaica son muy antiguas, esto quiere decir que al menos desde el siglo VII a. C. la península ibérica había sido visitada por los fenicios y que habían recorrido sus costas. Pero en un principio las referencias que se tienen son vagas e imprecisas; tenemos que esperar hasta el s. II a. C. para que Polibio, que vio la caída de Numancia en el 133 a. C., nos de una referencia más precisa. Este autor cita los Pirineos cuando describe la marcha de Aníbal a Italia en el 218 a.C. y además la nombra de dos formas distintas, en singular haciendo referencia al nombre de una ciudad y también en plural.

Posteriormente, Diodoro de Sicilia (s. I a.C.) da una descripción más exacta de la localización de los Pirineos y cuenta una leyenda que fue repetida por diferentes autores de la antigüedad:

" Dícese a este propósito que en tiempos p…

LOS DISTINTOS CLIMAS EUROPEOS Y LOS ÁRBOLES TÍPICOS DE CADA ZONA






    Europa es un continente muy variado y diverso en todos sus aspectos. Existen grandes diferencias de unas regiones a otras en vegetación, fauna y población humana, diversidad que viene determinada fundamentalmente por los distintos climas. Pero Europa no ha sido siempre como es ahora, el planeta Tierra es algo vivo sujeto a cambios morfológicos que determinan otros cambios más superficiales como la vegetación adaptada a determinadas condiciones, que a su vez atraen o dispersan una fauna condicionada a un tipo de alimentación, y por último al hombre.
 El paisaje lo configuran tres elementos principales: clima, suelo y vegetación que se influyen mutuamente, pues el suelo y la vegetación pueden producir cambios en el clima a pequeña escala, sobre todo en las capas de aire más bajas. Cualquier cambio en alguno de estos tres elementos da lugar a una evolución tendente a restablecer el equilibrio anterior. Así, por ejemplo, en las regiones escandinavas (dominio de las coníferas), después de un incendio, las primeras especies que aparecen son aquellas que más necesitan la luz, y que anteriormente no podían subsistir; las áreas recién quemadas se recubren, entonces,  de un tapiz herbáceo con gramíneas, y poco a poco van naciendo entre las hierbas retoños de abedul y álamo temblón, de crecimiento rápido. Al abrigo de estas plantas, crece el pino albar, de desarrollo más lento, pero que poco a poco va desplazando a los caducifolios debido a que tiene un follaje perenne. Más tarde, las plántulas de pícea viven a la sombra de los pinos, a los que se van superponiendo, ya que el pino es más heliófito. Por último, se completa el bosque de pícea, proceso que dura aproximadamente unos 500 años.
El continente europeo ha sufrido a lo largo de su historia importantes cambios en cuanto a clima y, por lo tanto, a vegetación. Durante  la Era Terciaria, hace unos 65 millones de años, Europa tenía una vegetación más propia de climas cálidos y subtropicales con palmeras y plantas leñosas,[1] que cohabitaban con robles, hayas, abedules, nogales, olmos y arces. A finales de este período se produjo un enfriamiento progresivo, dando lugar a la aparición de abetos rojos, píceas, carpes, etc., y por último a bosques de robles y coníferas (pinos, abetos).
En la Era Cuaternaria se suceden períodos de climas templados con otros muy fríos, dando lugar a diferentes tipos de vegetación; los elementos tropicales se van eliminando poco a poco y las grandes glaciaciones expulsan a todos los representantes de la flora cálida. Con la retirada de los hielos, arraigan de nuevo el abedul, después los pinos, el roble, carpe, pícea y castaño. Los bosques europeos son, por lo tanto, muy recientes; en la región mediterránea septentrional encontramos  una estepa sin árboles.
En períodos más recientes, cuando el hombre comienza a manipular la naturaleza, se producen también cambios importantes en la vegetación debidos, probablemente, a los comienzos de la agricultura. La técnica utilizada por el hombre del Neolítico (que todavía se practica hoy en algunos lugares del mundo) consistía en abrir claros por medio del fuego, o por otros sistemas, y una vez obtenido el rendimiento abandonarlos, con lo cual estos espacios se cubrían, posteriormente, de  malas hierbas, abedules y  fresnos, dando lugar a bosques mixtos.
En la actualidad, Europa cuenta con cuatro zonas típicas:
·         El bosque boreal
·         El bosque atlántico
·         El bosque centroeuropeo
·         El bosque mediterráneo
     
 El bosque boreal
Esta región comprende las zonas más al norte de Europa, Escandinavia, regidas por las masas de aire polar. La mayor parte de Finlandia, por ejemplo, está cubierta de nieve durante seis meses y en el norte de Suecia puede llegar hasta los siete meses, esto hace que el crecimiento de las plantas sea muy limitado. La vegetación de esta zona se caracteriza por el bosque de coníferas perennifolio, conocido comúnmente como taiga. 

Los árboles dominantes poseen hojas aciculares que pueden permanecer en las ramas varios años. Son especies capaces de resistir las heladas y las prolongadas nieves. La pérdida de agua por transpiración se reduce mucho en los períodos secos y fríos, gracias a la gruesa cutícula de las hojas. Los árboles más abundantes son: Pícea abies (Abeto rojo)   y  Pinus  sylvestris (Pino albar).
Las turberas constituyen el segundo grupo de comunidades vegetales más extendidas de esta región, compuesta por musgos, plantas herbáceas o arbustos bajos.  Pero, sin duda, el árbol más importante para el hombre en el bosque boreal es el abedul (Betula pendula), que aparece en la parte meridional de la región. Son bosques bien desarrollados por encima del nivel de robledales o pinares, abiertos, con árboles muy distanciados y con estrato arbustivo y herbáceo.

El bosque atlántico
Esta región comprende, como su nombre indica, las tierras situadas en la parte litoral de Océano Atlántico, muy influidas por las temperaturas del agua del mar, relativamente fresca en verano y relativamente cálida en invierno. Es la región más nublada del mundo; las precipitaciones tienen lugar a lo largo de todo el año, variando considerablemente de un lugar a otro, por lo tanto, la cantidad de insolación recibida es relativamente baja.
A mediados del periodo postglacial la vegetación dominante era de robles, fresnos, hayas y abedules, además de olmos, carpes y sauces. Hoy día, la mano del hombre ha hecho desaparecer casi completamente estos bosques para sustituirlos por cultivos y pastizales, que constituyen prados totalmente artificiales.
Los bosques de robles están dominados por dos especies: el roble albar (Quercus petraea) y el roble pedunculado (Quercus robur); asociados a los bosques de robles hay multitud de especies, incluidos gramíneas, musgos, rosales, zarzas, helechos, hiedras, etc. 

El bosque centroeuropeo
En esta región geográfica se distinguen distintas zonas climáticas:
·         en las llanuras y tierras bajas del centro de Europa, la vegetación natural estaba formada principalmente por hayas, robles y carpes.
·         en las zonas de montaña, los bosques de coníferas son muy extensos, aunque los hayedos son también comunes.
·         en los fondos de los valles fluviales y en los lechos de inundación los bosques están formados por alisos, sauces, álamos y fresnos.


El árbol natural de toda esta región geográfica es el haya, que crece formando un denso follaje, el cual apenas deja penetrar algo de luz, con la consiguiente degradación del estrato arbustivo y herbáceo. Sólo cuando se producen talas, se lleva a cabo la rápida regeneración de los árboles jóvenes y de las especies asociadas al haya. Por otra parte, también son característicos de centroeuropa los bosques de robles, situados en suelos más ácidos y más húmedos que las hayas. Son bosques mixtos de robles y carpes, fresnos y abetos, asociados a un estrato arbustivo de arándanos.

El bosque mediterráneo
La vegetación mediterránea es totalmente distinta a la de cualquier otra región de Europa. Está dominada por árboles, arbustos y matas de hoja perenne, que pueden resistir el largo y seco verano. Los inviernos son suaves y húmedos, y los principales periodos de crecimiento vegetal son en otoño y primavera. La mayoría de las plantas herbáceas se secan y permanecen inactivas durante el verano, mientras que las plantas anuales completan su ciclo biológico antes del verano.
Los árboles dominantes son las encinas y los pinos, acompañados de un gran número de arbustos: enebros, brezos, jaras, aliagas, madroños, lentiscos, mientras que el olivo y el algarrobo son característicos de la parte meridional.  La zona más alejada del litoral es más lluviosa y los árboles y arbustos de hoja caduca (robles, carpe negro, arces, fresnos y hayas)  sustituyen a los perennifolios. En las áreas de alta montaña, predominan los bosques de coníferas, formados por diversas especies de pinos y abetos.

La encina (Quercus ilex ) es el árbol dominante de la región mediterránea, formando bosques abiertos, con árboles muy dispersos y con un estrato arbustivo y herbáceo muy desarrollado.
Poco más o menos, hasta la Edad Moderna, Europa estaba cubierta totalmente por inmensas selvas vírgenes. Tenemos alguna documentación de los historiadores romanos y otros pueblos, y que la arqueología ha confirmado, de que, por ejemplo, la selva herciniana[2] costaba varios meses atravesarla. Eran bosques enormes donde la soledad, la oscuridad y el silencio impresionaban de tal manera a los seres humanos que terminaron por convertirlos en los primeros santuarios. Así, Italia, en época romana, estaba cubierta por enormes bosques de olmos, castaños y, sobre todo robles, que ningún comerciante se atrevía a cruzar; Inglaterra, en lo que hoy es un barrio de Londres, durante el reinado de Enrique II todavía se cazaba el jabalí y el toro salvaje; en Grecia crecían bosques de pinos y robles, que cruzaban la península de un lado a otro. De Hispania se decía que una ardilla podía ir desde el Cantábrico hasta Cádiz sin tocar el suelo, y así podríamos seguir enumerando los distintos países de Europa, uno por uno.
Estos paisajes de impresionantes bosques, repletos de caza y animales salvajes, húmedos y laberínticos, donde la luz y el susurro de las hojas juegan con la imaginación del que los atraviesa, configuraron, sin duda, el pensamiento del hombre arcaico.
   Cada cultura reverenció a su manera a los bosques, donde todos los árboles fueron considerados como divinos:
·         En Roma, en el mismo foro, se dio culto a la higuera sagrada de Rómulo.
·         Entre los celtas, el árbol central era el roble.
·         Entre los germanos, el tilo.
·         En el Islam, el olivo (“Irminsul”).
·         En la India, el banyan.
·         En Siberia, el abedul y el alerce.
·         Entre los escandinavos, el cosmos tenía por eje un fresno o un tejo (Yggdrasill).
·         Etc.
Y todavía en la actualidad muchas de las fiestas que tenemos siguen girando, aunque enmascaradas, en torno al árbol.



[1] Las plantas leñosas son propias de bosques ecuatoriales. Una de las teorías más generalizadas es que el tipo arborescente es más primitivo que el herbáceo (parece ser que los precursores de las  Angiospermas eran árboles) y que las hierbas habrían aparecido como una adaptación a condiciones de vida especialmente severas.
[2] Selva en la actual Alemania, que se extendía al este del Rin. 





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