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PIRINEOS: ¿CORDILLERA, CIUDAD O PRINCESA?

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LA CORDILLERA



" Los Pirineos se extienden desde Nuestro Mar hasta el Mar exterior" (Polibio, 3, 35,7)

Las fuentes que hacen referencia a la cordillera Pirenaica son muy antiguas, esto quiere decir que al menos desde el siglo VII a. C. la península ibérica había sido visitada por los fenicios y que habían recorrido sus costas. Pero en un principio las referencias que se tienen son vagas e imprecisas; tenemos que esperar hasta el s. II a. C. para que Polibio, que vio la caída de Numancia en el 133 a. C., nos de una referencia más precisa. Este autor cita los Pirineos cuando describe la marcha de Aníbal a Italia en el 218 a.C. y además la nombra de dos formas distintas, en singular haciendo referencia al nombre de una ciudad y también en plural.

Posteriormente, Diodoro de Sicilia (s. I a.C.) da una descripción más exacta de la localización de los Pirineos y cuenta una leyenda que fue repetida por diferentes autores de la antigüedad:

" Dícese a este propósito que en tiempos p…

PLANTAS ALUCINÓGENAS:EL BELEÑO. Relación con las religiones antiguas.

   

 EL BELEÑO  (Hyoscymus Níger)




El beleño es una planta herbácea anual o bienal, caracterizada principalmente por estar cubierta por entero de un vello muy suave y pegajoso. 






   Es una planta muy venenosa y de olor francamente desagradable; en la actualidad crece por toda Europa y Asia, preferentemente al pie de muros, en escombros y junto a corrales y estercoleros. Pertenece a la familia de las solanáceas que comprende unas 2500 especies de plantas esparcidas por todo el mundo,  muchas de las cuales  tienen un gran valor para el hombre por sus propiedades alimenticias  (patata, tomate, pimiento, etc.), y   como plantas de jardín.



   

   La composición del beleño es muy similar a la de la belladona, es decir, contiene atropina, hiosciamina y escopolamina, aunque se sabe que las concentraciones de estos alcaloides en el beleño son sensiblemente más bajas que en la belladona. También contiene abundantes flavonoides. 



   Los alcaloides del beleño le confieren acciones espasmolíticas, antiasmáticas, midriáticas y de analgésico local. Además, ejercen una acción sedante sobre el sistema nervioso central, por lo que se le considera antiparkinsoniano; pero no hay que olvidar que estos alcaloides son sumamente peligrosos, por lo que el uso de esta planta no debe dejarse en manos inexpertas. La intoxicación por administración de altas dosis de beleño puede producir sueño, delirio y convulsiones. En medicina popular esta planta no debería usarse nunca. Solamente, a nivel de la industria farmacéutica, se pueden elaborar formas de administración que sí pueden resultar muy útiles en el tratamiento de determinadas enfermedades; de hecho, los alcaloides de esta planta se utilizan en la medicina actual para combatir el asma, dilatar la pupila con fines exploratorios, calmar determinados temblores seniles, etc.
   El beleño es otra de las plantas que el ser humano ha conocido y temido desde la antigüedad. Aparece ya citado en el papiro que descubrió E. Smith  en 1862 entre los restos de una momia en Luxor, y que fue comprado después por G. Ebers, al que debe su nombre (Papiro de Ebers) y su traducción. 



Es uno de los textos encontrados más largos, que describen numerosas enfermedades, junto a la farmacopea del momento. En él se describen tanto el sistema de diagnóstico como los tratamientos aplicados al enfermo.
   En cuanto a los usos del beleño han sido muchos y variados. Se cree que los egipcios ya se valían del aceite de beleño para el alumbrado. En la antigua Grecia, Homero describió algunas bebidas mágicas cuyos efectos parecen indicar que el beleño era su principal ingrediente. 
   Desde tiempos muy remotos se conoce la propiedad del beleño para mitigar el dolor y se empleaba para aliviar los sufrimientos de los sentenciados a tortura y muerte, ya que tiene la ventaja de que no sólo alivia el dolor sino que induce a un estado de completa inconsciencia. Además, el zumo hervido de esta planta, forma una jalea blanca y brillante, que podía usarse en pintura y con sus hojas se hacía un tinte para teñir la lana de color aceitunado. 


   Sus usos terapéuticos también han sido amplios y variados.  El beleño negro se usaba en casos de hipocondría, enajenación mental, epilepsia, neuralgias y convulsiones. Además, sus hojas frescas se aplicaban exteriormente en tumores y úlceras; mientras que ya secas, se recomendaba fumarlas en forma de cigarrillos para las enfermedades del pecho. También se suponía que hervidas con leche, calmaban los dolores reumáticos crónicos. 
   En la medicina moderna los alcaloides del beleño tienen aplicaciones similares a las de la atropina y otras especializadas como el tratamiento preventivo en casos de asma bronquial y para reducir la secreción excesiva del tracto respiratorio durante la anestesia por inhalación.
   El beleño es una planta que se ha usado a lo largo de la historia para toda clase de prácticas mágicas. Se ha sugerido que las sacerdotisas de Delfos hacían sus profecías intoxicadas con el humo de las semillas del beleño, aunque hay otros estudios que demuestran que eran producidos por vapores volcánicos. 
Entre los celtas el beleño era conocido como beluntia  palabra derivada del nombre del dios Belenos, deidad fundamental en el ciclo anual agrario y social de la vida celta. Aunque se le conoce por ser una especie de dios solar, sus atributos más destacables eran la curación, así que era adorado como dios de la medicina, aunque también se han hallado registros que lo relacionan con una especie de deidad protectora de la cosecha y el ganado, es decir, de un dios protector, del que todavía quedan recuerdos en forma de topónimos en la provincia de Asturias.
   Posteriormente, en el siglo XIII, hay noticias de que el beleño era usado por los nigromantes para conjurar a los demonios. Su empleo más conocido era como ingrediente principal en las preparaciones que llevaban a cabo los brujos medievales, a quienes les permitía experimentar alucinaciones y otros efectos intoxicantes. 

   Pero quizá el uso más conocido es el que le daban las brujas  en sus famosos ungüentos para volar. Las brujas mezclaban las virtudes de esta planta con otros ingredientes y se untaban dicho ungüento por todo el cuerpo; al ser absorbido por el organismo llegaban a estados de trances alucinógenos y así en sus escobas volaban hasta los aquelarres. Hay teorías que afirman que estos ungüentos los  introducían en el cuerpo con un palo para que fueran absorbidos por las mucosas y que de ahí deriva la idea de que volaban en una escoba. No obstante, es posible que no haya que tomarlo tan literalmente, porque la escoba tiene otra simbología mágica.
   El beleño se usaba también  en filtros amorosos: quien lo ingería quedaba sumido en un profundo estupor sin voluntad, pero obediente ante cualquier orden. Los síntomas de intoxicación con beleño son muy claros: presión en la cabeza, sensación de que alguien le está cerrando los párpados por la fuerza,  vista  poco clara, objetos  distorsionados y alucinaciones visuales extrañas. Las alucinaciones gustativas y olfativas son comunes, así como la embriaguez. 

   Según los textos clásicos, se creía  que las brujas tenían la capacidad de transformarse en animales, que podían volar de noche y que practicaban la magia tanto en provecho propio como por encargo de terceras personas.

 Se dedicaban preferentemente a la magia erótica, aunque también eran capaces de provocar daños de todo tipo. Se reunían de noche, y consideraban como sus protectoras e invocaban en sus conjuros a diosas como Hécate, Selene y Diana, relacionadas con el mundo de los muertos.
Probablemente las brujas más conocidas de la literatura clásica son dos personajes mitológicos, Circe y Medea.  Las habilidades mágicas de ambas residen sobre todo en su dominio de las pócimas o filtros mágicos. 



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